Sólidos, líquidos y gaseosos: los estados de las inversiones y la necesidad de diversificar

17/07/2017

Gestor de Fondos Abante Asesores

2017-junio-opi-Abante-Josep-PratsLas acciones y los valores bursátiles, son unos bienes con una naturaleza muy especial. Pueden reunir los tres estados de la materia: sólido, líquido y gaseoso. Las acciones de una compañía con un buen historial de ventas y beneficios son valores sólidos; si están distribuidas entre un gran número de accionistas y cotizan en mercados organizados, son además líquidos; y en los momentos más convulsos del mercado pueden ser valores altamente volátiles y convertirse en gaseosos.

Banco Popular llevaba décadas siendo considerado por el mercado bursátil español como uno de sus valores más sólidos. Años y años de crecimiento moderado, pero ininterrumpido, con los mejores márgenes sobre capital invertido, avalaban su solidez. Hasta que estalló la burbuja inmobiliaria. Nunca dejó de ser un valor líquido. Lo era tanto en los buenos tiempos, como, especialmente, en los malos, cuando el peso porcentual de las participaciones en manos de inversores estables sobre el total del capital, fue disminuyendo, en la medida en que no todos ellos acudieron a las cuantiosas ampliaciones de capital.

A medida que disminuía su solidez y aumentaba su liquidez, se incrementaba su volatilidad. Tanto que, al final, literalmente se ha volatilizado, se ha transformado en vapor, que es como define el término volátil el diccionario de la RAE.

La falta de liquidez (no de sus acciones, sino de sus activos), que no la de solidez, es el argumento que ha empleado el FROB para justificar su volatilización. Las cuentas del banco, las que deben reflejar su solidez patrimonial, habían sido inspeccionadas y revisadas por los supervisores frecuentemente y, es de suponer, que con el debido rigor. Y la solidez patrimonial, expresada en sus ratios de capital, sin ser la de antaño, sí era la suficiente como para seguir trabajando.

Pero es bien sabido que, ante una fuga masiva de depósitos, ni el banco con el balance más sólido del mundo puede funcionar sin ayuda. Si un banco sufre lo que, en los términos anglosajones usados por el BCE para definir la crisis del Popular, se conoce como un ‘liquidity run’ -una salida precipitada de depósitos-, tiene que ser intervenido. Sobre ello no hay duda. Sí puede haberla es sobre la solución que se dé a la situación.

Pensar que la realidad patrimonial del banco ha cambiado significativamente porque haya habido una fuga de depósitos, y que lo haya hecho tanto como para que, donde un día había millardos de euros de patrimonio positivo, al día siguiente se estimen, con una valoración exprés, millardos de euros de patrimonio negativo, ya es más discutible.

Pero la vida es así. ¡Qué le vamos a hacer! La bolsa a veces nos depara desagradables sorpresas. Afortunadamente, son rarezas. La norma general es que los valores sólidos y líquidos suelen soportar episodios de volatilidad sin llegar a volatilizarse, a convertirse en vapor por completo. Y la mejor manera de protegerse de estas evaporaciones accidentales es la diversificación. Los que solo tenían acciones de Banco Popular lo han perdido todo. Los que tenían participaciones en un fondo de inversión que, a su vez, tenía acciones de Banco Popular, habrán perdido solo un pequeño porcentaje. Que, con el tiempo, más que recuperarán gracias al resto de valores que no se volatilizarán.

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