Innovar en la empresa no es tener ideas felices

23/09/2015

Directora de Innovación. Grupo Ifedes

Resulta paradójico que un número considerable de personas relacione la capacidad de ser creativo o innovador con que se tengan muchas buenas ideas, como si de esa capacidad derivara el éxito de las mismas. Nada más lejos de la realidad, la creatividad es una cualidad importante, pero no tanto como pueda parecer a priori. De la misma manera que un deportista de élite brilla por sus cualidades o un científico por la genialidad de sus hallazgos, en todos ellos siempre ha precedido un invisible e ingente trabajo hasta alcanzar el éxito. La cuestión entonces es clara, ¿por qué pensar que muchas ideas felices en una empresa son garantía de éxito, si no se ha trabajado metódicamente en analizar su potencial desde la demanda o la viabilidad y factibilidad técnica, entre otras cuestiones?

A la pregunta de si se considera una empresa innovadora, muchos de los principales directivos de notables compañías presumen de su especial habilidad para tener y haber apostado por muchas ideas diferentes. Tras haber conocido algunas de esas innovaciones, que no resultaron finalmente exitosas, se ha descubierto que la creatividad no es el problema, sino la gestión del método.

La innovación exitosa no consiste específicamente en dar a luz ideas disruptivas o muy novedosas. En realidad, el proceso de innovar supone pasar del terreno de las ideas a la acción y es el paso más delicado, que precisa de un correcto enfoque.

De manera algo generalizada, este aspecto es el que hace que muchos de los foros de emprendimiento, plataformas de innovación e instrumentos articulados por universidades y agentes intermedios resulten prolíficos para la germinación de empresas y/o soluciones innovadoras, pero no para la consolidación perdurable en el tiempo.

El enfoque de la innovación es un aspecto que sigue sin entenderse de manera óptima en muchas empresas. Es una cuestión que responde, básicamente, a si la empresa debe buscar clientes para su producto o productos para su cliente. Una aparentemente sencilla disquisición inicial por la que el sentido de las ideas felices debe encontrar su punto de partida.

Esto supone, bien optar por idear innovaciones desde el conocimiento que la empresa tiene del mercado y del know how con el que cuenta o crear nuevas ideas partiendo de un proceso de análisis y empatización activa con la demanda al respecto de sus necesidades, para dar respuesta a nuevos productos o mejora en los servicios, entre otros aspectos.

Otro de los lugares comunes, en el ámbito de empresas consolidadas, tiene que ver con la miopía estratégica, al no apostar por una continuada innovación como una de las más imprescindibles herramientas para garantizar la competitividad, sobre todo en escenarios de mercado sin océano azul. Un modelo de empresa que ha logrado consolidar su cuota de mercado y su modelo de negocio, haciéndolo puntualmente competitivo, no es garantía alguna de perdurabilidad en el tiempo. Las llamadas zonas de confort resultan especialmente peligrosas para las visiones estratégicas basadas en lo que funciona en un determinado momento temporal y con obsesión por el corto plazo.

Notables ejemplos han demostrado que la evolución de las sociedades genera nuevas formas y tendencias que acaban con las anteriores y, con ello, la transformación de productos y servicios o la forma de publicitarlos o de hacerlos llegar al cliente final.
En un ejercicio práctico se hallaría que, la evidencia más clara de que una compañía ha logrado ser líder durante el paso de los años, tiene que ver, en la mayoría de los casos, con que ha realizado una innovación más o menos coordinada durante su vida comercial, habiendo implantado esta herramienta como uno de sus ejes estratégicos.

Considerando que la innovación no es solo un cúmulo de ideas surgidas en el seno de compañías con cierta creatividad, necesita de una mirada externa y de participación continua del cliente final, pues innovar no supone dar un vuelco a toda la actividad productiva, sino la asunción de una inversión más o menos ordenada y planificada para complementar lo que ya funciona, apoyado por una búsqueda desde una visión multidisciplinar de los espacios de competitividad otorgados por una demanda que encontrará sus deseos o sus necesidades satisfechos por esas ideas bien trabajadas con método.

En Grupo Ifedes llevamos desarrollando un formato metodológico, con algunas de las compañías referencia en su sector, que sirve como modelo de valor en el tránsito de las ideas al mercado, y pretendemos seguir acompañando en este proceso a todas aquellas empresas que deseen estar competitivas, para que encuentren entre sus ideas felices solo aquellas que serán un éxito.

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