Una hormiga cojonera, la excusa reivindicativa perfecta

La aparición de una hormiga en la urna que, se supone, protege a la Dama de Elche en el Museo Arqueológico Nacional ha traído consigo una serie de descalificaciones por parte de algunos defensores del centralismo cultural hacia los paletos valencianos que reivindican el regreso de la escultura íbera a sus orígenes.

Como en otros tantos casos de expolio, los que se han apropiado de los bienes aseguran que en sus manos están  muchísimo mejor. No hay más que darse una vuelta por el British Museum, el Louvre, el Pergamom Museum … Bienes culturales que sirven como reclamo para atraer visitantes -ya sean estudiosos o turistas de chancleta- y cimentar el prestigio de la institución que los acoge.

Uno puede pensar que sí, que es una buena solución sobre todo en zonas de estabilidad más que dudosa. A lo mejor si los museos de Bagdad se hubieran vaciado en su momento y sus fondos transferidos a alguna institución cultural fiable, por ejemplo, la Unesco, se hubiera evitado pérdidas históricas y arqueológicas de valor incalculable.

Su destrucción nos ha privado de una parte importantísima de la historia de la humanidad y desgraciadamente no pueden ser reemplazadas. Como no podrá ser suplantada la ciudad de Palmira o los célebres Budas gigantes de Afganistán.

Pero, señores, no estamos en una situación bélica. De hecho, la Dama de Elche nunca estuvo en peligro, ya que tras su descubrimiento fue adquirida por un coleccionista francés que la donó al Louvre y desde allí, tras la guerra civil, regreso como un obsequio a Franco del general Petáin.

Tras su estancia de seis meses en Elche hace unos años, la ciudad, la provincia de Alicante y la Comunidad Valenciana periódicamente reclaman su retorno. No se puede objetar en la actualidad que no existen lugares apropiados para su exhibición: el Marq es un excelente museo y no cabe duda que el regreso de la Dama elevaría su prestigio y aumentaría el número de visitantes.

Existe un centralismo cultural en este país en el que todo lo bueno o valioso tiene que ser exhibido en Madrid. ¿¡Más!? Tienen posiblemente la mejor pinacoteca del mundo, colecciones privadas que se exhiben en público, las colecciones corporativas de las mayores empresas españolas … ¡Dejénnos lo nuestro por lo menos!

Y encima hay que aguantar los comentarios despectivos de estos gurús del barrio de Salamanca hacia una más que justa reivindicación. Y sí, la cultura también es política y con la cultura también se hace política … centralista. Marca España no es Marca Madrid.

Elena Merino

Periodista, con una larga experiencia en informar sobre los sectores productivos tradicionales de la Comunidad Valenciana. Viajera, aficionada al diseño industrial, la arquitectura, el cine clásico y la literatura americana y británica. Eterna estudiante de curiosidad interminable. En los tiempos que corren, blogger y community manager.
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