Alicante endulza el mundo cuando llega la Navidad

08/12/2017

2017-nov-historia-turron-1

Imposible poner fecha a la actividad turronera alicantina. Si muchas veces es una frase que se dice por decir algo, aquí sí que cuadra recordar que los turrones “son cosa dels moros”. Ellos implantaron el buen gusto de mezclar la almendra con la miel y trajeron desde Oriente las viejas recetas artesanas. Desde Alicante, en el viejo Reino de Valencia, el gusto por los dulces elaborados con almendra, que se consumían todo el año, saltó a España entera y se asoció al calor hogareño de la Navidad. Con el paso del tiempo, esos dulces han llenado medio mundo. Y si hace muchos años los gobernantes pedían sin éxito que los dulces de almendra se consumieran con moderación, hoy ya no lo hacen: el turrón es una industria pujante, que llena medio año del calendario laboral, da empleo a miles de trabajadores y contribuye no poco a que la economía alicantina siga en la brecha. 

A la campaña se le llama “la temporá”, que arranca en el mes de agosto y culmina cuando los pedidos se han entregado en toda España y, al menos, en medio centenar de países del mundo. Las industrias procuran que el calendario de trabajo ocupe cada vez más y más semanas, pero la tradición manda y es la que consigue que el aire de Xixona, en otoño, huela a miel y almendra tostada.

En un ambiente de gran actividad, cientos de trabajadoras son llamadas a los obra-dores. Lo mismo ocurría tanto siglos atrás, cuando las pequeñas industrias tenían aire familiar, como en la actualidad, cuando se trata de modernas instalaciones fabriles.

La pasión de esta tierra por los dulces es tan antigua como nuestro pueblo y, sin duda, hay que reconocer en ello a nuestros antecesores árabes. Los reyes intentaron corregir sin éxito los excesos de nuestras instituciones -los principales ayuntamientos y la Generalitat del Regne- a la hora de gastar importantes cantidades de dinero en obsequiar a las autoridades civiles, a las de la Iglesia o de la Justicia, con dulces que recordaran las fiestas principales: en Valencia, las del 9 d’Octubre, y en las cuatro esquinas del Reino, las de la Navidad.

La Navidad era tiempo de exceso en la mesa, de copiosa comida y bebida destinada a celebrar el punto culminante del calendario religioso. Pero una mesa bien dispuesta ha de estar rematada por “dolços i llepolíes”, por peladillas -en las que se especializaron Casinos y Alcoi-, y por mazapanes y turrones.

2017-nov-historia-turron-3Referencias históricas

Estos últimos, aunque surgió una industria en Gandia a la sombra de las importantes plantaciones de caña de azúcar de La Safor, siempre tuvieron a Xixona como punto de referencia.

La montaña era la suministradora puntual de miel y almendras, un cultivo que los moriscos hicieron proliferar en interminables bancales construidos con piedra seca.

Gaspar Escolano, en sus “Décadas”, fue el historiador que mejor glosó la industria jijonenca de los dulces y describe lo que ya es una industria bien organizada, adiestrada “en la admirable confección de turrones que, echados en cajuelas, corren por Europa como cosa de grande regalo”.

Estamos hablando, pues, de esas cajas de madera que han regresado en tiempos modernos como signo de turrones de lujo, pero que señalan la existencia de un gusto puesto al servicio del envasado y la conservación, que da jornales a otros artesanos y que ya se ha atrevido a probar -y triunfar- en la exportación a Europa.

Teodoro Llorente, a finales del XIX, no hizo sino confirmar lo que el tiempo había asentado a base de ingenio innovador y esfuerzo comercial:  “los industriosos jijonenses -escribió-, se esparcen por toda la península, pasan algunos los Pirineos, llegando hasta Marsella y París, y aún más allá, mientras otros cruzan el Mediterráneo y venden su mercancía en Argel y en Orán, a moros y cristianos”.

El esfuerzo del turronero, que molía sus almendras o las unía a la miel, no tiene sentido si no dispone de una intensa red de “agentes comerciales”. En los siglos XVIII y XIX, Xixona y muchos otros pueblos alicantinos dieron a conocer sus productos a través de una nube de vendedores ambulantes.

La red comercial

Igual que se vendían quesos y embutidos por las ferias españolas, igual que se hacía itinerante la venta de frutos secos, de salazones o de bacalao conservado en sal para la Cuaresma, los turrones salieron de Alicante en los carros de los “torroners” ambulantes, que iban de feria en feria desde septiembre en adelante.

Vidal Corella lo cuenta en una de sus obras: “Xixona, histórica y famosa, mantuvo el principal centro de fabricación del turrón, de donde se extendió a otras poblaciones, como Alicante, Cocentaina, Alcoi, Biar, Gandia y Valencia y envió su ejército de turroneros, con la sabrosa mercancía, por las principales capitales”

En su libro, y tomada de estampas más antiguas, nos describe la vestimenta: “Ellos, ágiles y gallardos, con su ceñido traje negro y su sombrero, también negro, redondo de ala y la copa en forma de cono truncado; ellas, esbeltas, cetrinas, conservando igualmente el pintoresco atavío de su país, como se reproduce en antiguos grabados valencianos”.

2017-nov-historia-turron-logosTambién los helados

La potente industria heladera alicantina también tiene en Xixona su origen y punto de referencia. En realidad, se trata de usar las almendras y la habilidad artesana del mundo de los dulces en el campo de los helados que el verano reclama. Bastaba bajar nieve guardada en primavera en las montañas, para tener a mano una solución.

De ese modo, el año económico se completa con otra suerte de trabajo y artesanía. Una red de vendedores saldrá en verano de Xixona y se desparramará por la geografía del Reino. Irá también a provincias lejanas para vender helados. Son los mismos que en otoño han trabajado las ferias para vender los turrones de la Navidad, los artífices de un oficio que se transmite de padres a hijos.

Con todo, la figura del “torroner”, que subsistió hasta el siglo XX y todavía trabajaba hasta mediados del siglo pasado en casi todas las ferias populares de España, tuvo que ceder el protagonismo principal al ferrocarril, gracias al cual, las tiendas de dulces y ultramarinos de toda España disponían de turrones, peladillas, dulces y mazapanes de los principales centros productores, hubiera fiesta local o no.

El turrón va a convertirse en un punto clave de la Navidad, junto con el sorteo ex-traordinario de la Lotería. Los anuncios en la prensa nos lo demuestran sobradamente: cada confitería pregona sus existencias y caprichos, que sirven para obsequiar a las amistades y a los parientes y que, llegado el momento, van a surtir las generosas cestas de la Navidad, junto con embutidos, conservas y licores.   

Deje una respuesta