El impacto de las “fintech” en el sistema financiero español

13/08/2017

Área Financiera y Gestión de Empresas GB Consultores

2017-julio-OPI-GB-Roxana-laotescuVivimos en un mundo de continuos e intensos cambios, siendo la principal causa de este nuevo escenario el desarrollo económico y los avances tecnológicos. El avance tecnológico ha supuesto un punto de inflexión en la evolución global, cobrando una gran relevancia al permitir un ahorro considerable en los costes generales y una mayor eficiencia, lo que se traduce, en definitiva, en un incremento del grado de competitividad. Esta eficiencia y competitividad se ven reflejadas en la reducción de plazos, obtención de resultados en un menor tiempo, recortes en costes de desplazamientos y mano de obra, etc.

Para ello, se ha necesitado un proceso de adaptación, siendo el sector financiero donde el impacto ha tomado mayor relevancia. Si analizamos la historia reciente, podemos encontrar un punto de inflexión en el año 2007, cuando se inicia el último periodo de recesión mundial, donde el consumidor experimentó una importante pérdida de confianza en el sector financiero, pese a ser esta variable la base del mantenimiento del sistema financiero.

Todo ello, unido a un deterioro progresivo de la calidad crediticia de los productos, clientes y operaciones, fue mermando el equilibro económico y financiero de las entidades. Instituciones y agentes financieros han tenido que adaptarse y modificar su forma de trabajar. Por una parte, volviendo a la ortodoxia y praxis del sistema en cuanto al análisis del riesgo, olvidado en los momentos de expansión, siendo de nuevo la prudencia y el control la base de la metodología de análisis.

Y por otra, optimizando los costes hacia la desintermediación, lo que ha provocado la aparición de las empresas de finanzas tecnológicas o “fintech”, empresas que han supuesto un nuevo reto para un sector envuelto en un periodo de transición profunda.

Aparecen las “fintech”
El concepto “fintech” nace de la unión de las finanzas y la tecnología, englobando a todas aquellas entidades que ofrecen servicios financieros a través de la tecnología –servicios que hasta ese momento eran ofertados exclusivamente por la banca tradicional–, y que, sobre todo, aprovechan las modernas tecnologías para la creación de productos innovadores.

La presencia de las “fintech” ha revolucionado por completo el sector financiero, agilizando el proceso de modernización necesario para mantenerse en el mercado y preservar unas cuotas similares a las existentes antes de la crisis económica mundial y de la contracción del sector, mediante los permanentes procesos de fusiones y adquisiciones, limitando el número de actores intervinientes en el mercado.

Las “fintech” han permitido que, mediante la tecnología, se desarrollen plataformas y herramientas digitales de gran calado, que han favorecido el cambio cultural, percibiendo a estos nuevos actores como potenciales colaboradores de la banca tradicional, complementando su actividad, dado el impacto que tienen en la reducción de los procesos en tiempos y costes de los recursos personales y de estructura.

La banca tradicional se caracterizaba por contar con una extensa red de oficinas, dotadas de personal cualificado y con un trato cercano que, tras la remodelación del sector, al margen de la reducción física de estas instalaciones, pasan a incorporar un gran componente tecnológico en toda la operativa. Ahora parece muy habitual -casi necesario- operar a través de la banca online, algo impensable hace una década, por ejemplo.

La incorporación de la tecnología va ganando terreno, permitiendo efectuar cualquier gestión sin necesidad de desplazarse; desde la apertura de una cuenta hasta la petición de préstamos y/o la instrumentación de operaciones de mayor importancia. Esta es la nueva realidad. De un modo acumulativo y sin pausa, hemos visto como cada vez se incorporan productos, procesos y operatoria que hacemos habitual de forma inmediata, siendo quizás esa la palabra clave: inmediatez.

Inmediatez es la clave
Algunas de las áreas “fintech” más destacadas son banca móvil, “big data” y modelos predictivos, “compliance”,crowdfunding”, “crowlending”, criptomonedas y monedas alternativas, Forex (mercado de divisas), gestión automatizada de procesos y digitalización, gestión del riesgo, pagos y transferencias, préstamos P2P, seguros, seguridad y privacidad, servicios de asesoramientos financiero, trading… Todas giran en torno a la inmediatez del producto, el servicio y/o de la operatoria.

Todo ello gracias a las herramientas digitales y a las colaboraciones parciales con las “fintech”, que permiten acercar a oferentes y demandantes, logrando reducir los costes de la intermediación.

Este esquema necesita de una regulación constante, a la que el legislador no siempre llega con la rapidez suficiente y tal vez necesaria, para dotarlas de credibilidad y confianza -la que se perdió en otros momentos- y que no podemos permitir que suceda de nuevo.

Las “fintech” han llegado y se han instalado, con un crecimiento exponencial y con un alto nivel de creatividad (ya no empleamos la mal utilizada “ingeniería financiera”), lo que está permitiendo la apertura de un canal que va mermando la cuota de mercado del sistema bancario tradicional.

Las sinergias que pueden derivarse de la colaboración entre las “fintech” y la banca tradicional pueden ser muy positivas, tanto para el interés de los operadores, como para el del consumidor y las empresas, pues si esta colaboración se da, pueden tener un mayor alcance en la cartera de clientes, minimizan el riesgo, agilizan el estudio de las operaciones y diversifican la oferta, pero, sobre todo, reducen los costes.

Nos queda por resolver el problema del riesgo. Las operaciones financieras a través de plataformas digitales tienen un mayor coste que las de la banca tradicional, en muchos casos debido a la necesidad de dar cobertura al riesgo mediante una mayor rentabilidad por la falta de un sistema eficiente de garantías -sobre todo reales-, que permita cubrir dicho diferencial. Ese es el siguiente reto, pues dotará de una mayor confianza al sistema, que permitirá igualar el coste financiero de ambos canales.

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