Calles donde se respira el placer del chocolate

18/03/2017

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Brujas es una diminuta ciudad medieval, salpicada de canales y calles adoquinadas, en las que encuentras una chocolatería en cada esquina. Una ciudad exquisita de la que nos separa un breve vuelo de distancia. Es más, nuestra proximidad con la ciudad belga se plasma también en la historia, ya que su relación con el chocolate empezó cuando los españoles del siglo XVI trajeron el cacao desde América y lo mezclaron con el azúcar.

Me encanta Brujas porque la ciudad entera parece sacada de un cuento de hadas, con sus románticos canales, sus casas de colores y sus construcciones medievales que le han otorgado el merecido apodo de ‘La Venecia del norte’. Es apasionante sumergirse en ella a través de un paseo en barca o sentirse uno más de sus habitantes que recorre sus callejuelas en bicicleta.

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Me encanta recorrerla, y siempre me sorprende el culto que hay en ella al chocolate, una ciudad con más de 50 maestros chocolateros y donde, a cada paso, te encuentras una chocolatería distinta. Vale la pena dejar las prisas y los remordimientos en la maleta y dejarse atrapar por sus innumerables chocolaterías, muchas de las cuales se conservan prácticamente igual que cuando abrieron. Porque en este viaje a Brujas se trata de mirar y de probar. Haz caso a tus ojos y no intentes resistir la tentación de probar esos bombones que, te aseguro, son tan deliciosos como parecen.

2017-feb-viajar-brujas-4Un corazón de cacao

Os propongo salir paseando desde la plaza Groten Markt, el auténtico corazón de Brujas, inconfundible por el palacio y el campanario que la flanquean. Desde aquí se puede tomar una callejuela que conduce hasta Burj, la segunda plaza más importante de la ciudad y sede del ayuntamiento local.

Esa calle, de apenas 50 metros de longitud, está totalmente flanqueada por chocolaterías. Me paro en cada escaparate, contemplando esculturas, bombones y pralinés. Es un espectáculo para la vista. Confieso que estuve más de una hora recorriendo esta calle, probando todo tipo de dulces en cada uno de los establecimientos. ¡Es imposible resistir la tentación!

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Creo que una experiencia es mejor cuantos más sentidos entran en juego y, desde luego, no es lo mismo comerse un bombón en cualquier circunstancia, que en este marco incomparable, fruto de una larga tradición artesana y de su saber hacer. Entre una arquitectura que cautiva y te trasporta a otra época y unas calles perfectamente cuidadas para que las disfrutes paseando por ellas.

Siempre he dicho que para mí, el Gran Viaje llegará el día que podamos desplazarnos en el tiempo; cuando podamos visitar un lugar y vivirlo como los ciudadanos de su época de mayor esplendor. Por eso, cuando recorro las calles de una ciudad con mucha historia –donde, además, su arquitectura nos remonta en el tiempo-, trato de imaginarme cómo era la vida allí hace 200 o 300 años.

2017-feb-viajar-brujas-9Aire medieval

Es como perseguir la huella del pasado, y cuanto más intacto permanece el lugar, más auténtico me resulta. Y lo que me seduce de Brujas es precisamente ese aire medieval tan genuino que se plasma en la majestuosidad de sus castillos y palacios, los campanarios y las diminutas calles de adoquines bañados por los canales, todo fundido con el irresistible sabor a cacao.

Pocos saben que, a pesar del tiempo y de dos guerras mundiales, casi todo el trazado de la ciudad de Brujas se mantiene intacto desde el siglo XVIII. Recorrerla es sentir que has vuelto al Medioevo y a disfrutar del chocolate sin edulcorantes. Desde luego, saben hacerlo perfectamente; son artesanos que, generación tras generación, hacen verdaderas obras de arte con este producto.

2017-feb-viajar-brujas-BaixauliEn cuanto al alojamiento, merece la pena escogerlo en el centro de la ciudad, donde encontramos edificios antiguos perfectamente restaurados para que conserven su encanto y su esplendor. Te integra mucho más en la ciudad, en su ambiente. Personalmente, me decanto por el Hotel de Orangerie, un antiguo convento del siglo XV frente al canal Den Dyver, que combina la calidez junto a la chimenea de leña, con su singular decoración basada en antigüedades y telas de colores. Si puedo elegir, elijo la suite que da al canal. No se puede pedir más.

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